lunes, 26 de octubre de 2009

Jake se detuvo un instante, a coger aire, después subir la interminable escalera de caracol que era el maldito “tallo” de la Torre de la Rosa. Boswell también se detuvo, rezando para que se detuviera más rato que el de recuperar el aire. Aún sentía el temblor en sus piernas, cada vez que su pie se apoyaba en un peldaño.

 

Qué ironía… Reventar los cristales era la solución.

 

Hizo una mueca patética de sonrisa, y alzó sus ojos azules, en medio de la oscuridad, para ver la figura decidida y fresca de Jake. Cabeceó para sí, rendido. Ya lo había entendido. En el fondo, Jake, en el momento de salir de su trance, había evitado que eso les atacase y había desaparecido de sus mentes. Porque, fuera lo que fuese, no estaba físicamente ahí, sino en sus mentes. Y, fue, precisamente, el disparo, o más bien los rabiosos disparos de Jake, lo que les había salvado, arrancándolos de cuajo de la ilusión (o fuera lo que fuese) en la que habían sido atrapados.

- Vamos, Boswell, queda poco para el último nivel.

Levantó la vista y lo vio serio y apresurado, siempre con el revólver en la mano. “Bueno, tampoco es que yo me quede corto”. Pensó para sí, mirando fugazmente el resplandor apagado de su puñal morado izquierdo. La cuestión es que, cuando toda la ilusión terminó y los cristales reventaron, debido a las balas, la estancia oscura se iluminó de golpe, cegándoles y aturdiéndoles por completo durante unos minutos. Y fue cuando, para su sorpresa, la Bola en la que había llegado había desaparecido por completo ocupando en su lugar una retorcida y fe escalera que subía hacia el techo. La escalera, como todo lo extraño de aquella torre, no era sino un verdadero rosal que se retorcía originando la escalera de caracol. Y, cómo no, al ser un auténtico rosal, era mejor no apoyar las manos… Por si acaso. Jake no dijo nada y él mismo tampoco. En realidad, las palabras, en aquel momento sobraban, por lo que Jake, en silencio se puso en pie, comprobó su revólver, y le animó a subir las escaleras.

 

Así habían ido ascendiendo, poco a poco, sin salirse de las escaleras, pasando niveles sin detenerse en ellos (tampoco es que hubiera algo de especial interés, porque estaban hundido en la más absoluta de las negruras), tan sólo para acabar con la existencia de los emparedados y del agua que se habían traído, hasta que hacía un rato Jake parecía haber empezado a distinguir el final del trayecto. Entonces, había apresurado el paso.

 

Ya en el umbral del último nivel de la Torre de la Rosa, Boswell seguía a Jake, vacilante. Qué importaba el tiempo transcurrido, qué importaban los minutos. El tiempo era irrelevante. Todo, incluso hasta la torre misma, era irrelevante ahora mismo. Lo que le preocupaba era el estado mental de Jake.

No dudaba que sería capaz de matar y/o matarse llegada la hora. Había disparado sin dudar ahí abajo, sin importarle lo más mínimo su presencia o si hubiera podido salir dañado por efecto colateral. Ya había matado a aquellos desalmados caballeros y, antes de todo eso, él mismo le había disparado, sin remordimiento alguno, por orden de Ottavia, en el interior de la Torre Gris de Alderaan. Ahora, todo aquel dolor, traición, desconfianza, ira y desilusión vividos en aquel momento (que, prácticamente había olvidado, demasiado lejano en el tiempo, como un mal recuerdo) se le antojaba anodino y simple, casi ridículo.

 

Según ascendían los últimos peldaños, “El Matemático” comenzó a pensar en Markus y su caída en la Torre Gris de Alderaan. Pensaba en la conversación que había sostenido hacía rato con esa figura de negro.

 

No lo entiendes, Portador de las Llaves… Lo que tú llamas esperanza, no existe. Todos habéis caído. Se acabó.

 

Esa parte le tenía preocupado desde que Jake disparó. ¿Cómo es posible hayamos caído todos, si hay un pétalo aún en la Rosa? Eso le tenía intrigado y angustiado porque…

 

La Torre Gris de Alderaan. Ahí comenzó todo. En el momento en que ¿Markus?, creo recordar que así se llamaba, y ella tocaron la Bola, ambos cayeron bajo mi influjo. En realidad, a ella la dejé “viva” porque, como habrás deducido, la necesito para mis intereses.

 

… De ser cierto lo que decía, significaba que el único que quedaba en pie, era Jake. Es decir, que Jake era el único y último pétalo de la Rosa. Lo que también le estaba martirizando era que, según lo que dijo ese tipo de negro, Ottavia ya había caído… y que lo había hecho en el mismo interior de la Torre Gris. Estaba claro que tanto Markus y Ottavia habían tocado la Bola Negra (o Carmesí, como lo había llamado el ser de negro)… Sin embargo, él no había tocado la Bola Negra y había dejado de pertenecer a este mundo. Entonces... ¿Cómo ha caído Ottavia? ¿Por qué todos parecen tan convencidos de que yo mismo he sido el primero en caer? Hablando de Ottavia… seguramente, en estos momentos, se encontraría junto al rey Leinad, hermano del fallecido rey Ibax. Antes de dejarle marchar, ella le había asegurado que él mismo era el primer pétalo marchito de la Rosa. ¿Quién miente? ¿Ottavia? O... ¿La Fuente de la Verdad? Boswell se sentía terriblemente confuso y asustado. Porque cada uno le había dado una versión diferente… Y se veía obligado a escoger una. Eso significaba que tenía que confiar en uno de ellos y, de hacerlo, sabía que volvería a perderse, justo en el momento en el que había comenzado a encontrar su propio camino.

 

Y en esa Torre fue donde comenzó todo… Ahí se reunieron las dos Bolas por primera vez en veinte mil años. La Bola de Cristal y la Bola Carmesí, que vosotros llamáis Negra. El Espacio y el Tiempo reunidos por vez primera desde que Baley, Solarin y sus aliados me las robaron, las separaron y las escondieron. ¡Me traicionaron! ¡Por que esas Bolas eran mías! ¡Ese poder ERA MIO!

 

Aunque si había algo alarmante, dentro del histerismo y la desmedida ambición psicópata en la voz de aquel individuo, era que había separado a Baley de Solarin. Los había identificado como dos personas diferentes. El líder y héroe de la Confederación Universal se había aliado con Óscar, quien todavía no sabía muy bien de qué bando estaba, para robar las Bolas de Cristal. Si lo que decía era cierto…Eso quería decir que la Bola de Cristal que portaba Ottavia tenía el don del Espacio y la Bola Negra que estaba en posesión de Walter… el Tiempo.

- ¡Oh, joder!

Jake se detuvo al escuchar la voz llena de ansiedad y asustada de su compañero. Al volverse se encontró con la mano derecha de su compañero cubriéndole la cara.

- ¿Estás bien? –Fue lo que atinó a preguntar, la segunda frase que dijo en todo este tiempo.

 

Boswell asintió nada convencido de que las piernas le fueran a resistir. Ahora sabía quién era ese tipo de Negro y por qué sabía tanto sobre ellos y la Senda.

 

¡Porque es Walter!

 

Apartó la mano de la cara, justo cuando su pie pisó el último escalón. Miró al frente y se arrepintió al instante. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que Walter había tenido razón. Todo había sido una pérdida de tiempo. Jake ya no era confiable. Jake estaba fuera de control. A Jake sólo le importaba una cosa y era ARyan. Lo tenía escrito en cada uno de los rincones de su rostro y su mirada. Jake ya había dejado de pertenecer a la Senda…

 

¿Cómo lo sé? No lo sé. Sólo sé que lo sé.

 

“El Matemático” se lamentó, más que nunca, de haber visto a Ottavia rendirse. Si hubiera venido… Si hubiera accedido a venir, los tres juntos, la historia hubiera sido completamente diferente. Jake había errado en sus conclusiones, él mismo se había equivocado y ella también. En realidad, necesitaban estar los tres, pero no para salvar a ARyan o a la Rosa. ¡Tenían que estar los tres para salvar a Jake! Se llevó la mano libre la cabeza, mareado. No soportaba esas palabras martilleándole la cabeza, la respuesta que le dio ante su pregunta de qué pensaba hacer:

 

Prepararme para perder la Guerra. Lamentarme por la estupidez de mis propios amigos, inundar mi corazón de pena y rabia, e intentar morir con dignidad, llegada la hora.

 

Escuchaba la voz de Ottavia clara y retumbante en su cabeza. Algo no le cuadraba. ¿Por qué tenía  que poner a salvo a Levor y Vandal con tanta urgencia cuando éstos siempre han  estado a nuestro  lado en los asaltos a las Torres? ¿Por qué, de repente, decide dejarnos solos, a pesar de saber que alguien va a convertirse en el último pétalo caído? ¿Ha caído Ottavia? Ahora sí que podía verlo. No podía creer que ella hubiera caído de esa manera. ¿Rendirse y abandonar la Senda de Eld es una manera de “caer”? Encima ha tenido  el descaro de decir que sentía lástima por nosotros, que intentamos hacer algo, ¡al menos! ¿Qué puedo  hacer si hemos “caído” todos? ¿Qué haré si, por desgracia, que es lo que va a pasar, cae Jake, recuperamos la Rosa y me quedo solo? Porque, ya no me cabe duda alguna, de que el siguiente en caer, como siga así, va a ser Jake. ¿A quién puedo acudir? ¿A Levor? ¿A Muñoz?

- Creo que la puerta al nivel donde se encuentra ARyan es esa de ahí.

Jake le sacó de sus pensamientos, de nuevo. Le observó con cautela y detenimiento. Su pelo moreno estaba muy revuelto y enmarañado. Su rostro compungido y violento permanecía decidido a seguir hasta el final con la falsa esperanza (aunque no había entendido a Ottavia con la matización, ahora sí lo entendía) de que –recuperando a la Rosa- recuperaría a su amada ARyan.

 

No la amáis.

 

Sí, ahora lo recordaba. Jake había dicho exactamente esas palabras justo antes de casi ejecutar a sangre fría al pobre Vandal. ¿Por qué no me he dado cuenta antes?

Desde luego el amor es poderoso, extraño y complicado. El amor de verdad cuando se pierde a su otra mitad se convertía en desesperado, paranoico y terminaba en la más absoluta perdición. Boswell fue más consciente que nunca de que estaba asistiendo a la caída de Jake como persona y acompañándole (no se atrevía a imaginarse que, en realidad, le estaba guiando) en su camino hacia su propia perdición. La mirada oscura de Jake, brillante de ira, y rebosante de orgullo, se volvió para escuchar la respuesta de Boswell.

 

¿Por qué le he seguido? Se preguntó a si mismo, incrédulo. En realidad, Jake no era sino un extraño para él. ¿Por qué le he seguido, en lugar de quedarme con Ottavia y hacerla entrar en razón? Ahora empezaba a entender realmente lo que había intentado decirles una extenuada Ottavia en la prácticamente derruida Sala de Comunicaciones del Castillo Negro de Delain. Ahora entendía la diferencia entre la Rosa y ARyan y lo que ambas implicaban. Por lo que su inseguridad ante lo que estaban haciendo creció alarmantemente en su interior. Aunque dudó un poco, al final, decidió preguntárselo a su compañero. Tal vez aún había una oportunidad.

-  ¿Estás seguro de lo que quieres hacer, Jake? Sé que te dije que contaras conmigo y lo mantengo, pero… ¿no deberíamos pensarlo un poco? A fin de cuentas, según tu teoría, deberíamos estar los tres, sino no funcionaría…

Jake mantuvo la mirada en el matemático, impasible, como si no hubiera escuchado nada.

- Sólo me queda la Rosa. Aún podemos hacer algo. Solo quedamos los dos para salvar lo poco que nos queda para mantenernos en pie. ¡Solucionaremos el estropicio solitos! –Gritó levantando el puño izquierdo al aire, para bajarlo de inmediato y quitarle el seguro a su revólver, dándole la espalda y posando la mano sobre la manilla de la puerta con decisión.

 

Boswell dudó un segundo. No estaba nada seguro de la última parte sentenciada por Jake, muy cínica por cierto.

 

Algo le decía que el destino de la Senda de Eld comenzaba a decidirse en este momento. 


Publicado por xuantxu @ 12:00
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