lunes, 02 de noviembre de 2009

La estancia era luminosa y espaciosa. Las sombras por los que penetraba la claridad (porque en medio del turbulento Mar de Asgârd, jamás se veía ni el sol ni la luna de Hyperion, cuyos cielos permanecían sumidos en la oscuridad) eran de formas extrañas y aterradoras, aumentando más la inseguridad con el ruido constante del temporal eterno del exterior. Esas tétricas sombras eran las  que acechaban por cada uno de los huecos de los pétalos de daban forma a la Torre de la Rosa. Pero ni las sombras, ni el aterrador ambiente que hubiera asustado hasta el más valiente distrajo ni un poco a Jake. Todo lo contrario, ajeno al miedo de Boswell y a la inestable plataforma en la que se alzaba la Torre, Jake avanzó sin dilación al portón. Posó su mano en el pomo de hierro, lo hizo girar con gran escándalo y la puerta cedió con amabilidad.

Boswell le seguía con el continuo sobresalto en el cuerpo. Podía sentir esa misteriosa y aterradora presencia pululando por la estancia. Era la misma sensación que experimentó en la Torre de Númenor ante la vieja/o (todavía seguía sin saber que diablos era “eso&rdquoGuiño que le mostró la Fuente de la Verdad, tras marearle con el juego de los Cofres y eso no le daba buena espina. La misma presencia que le había acechado unas ¿horas? ¿minutos? antes, en el primer nivel de esta Torre. Y, eso sólo significaba una cosa: problemas.  

- ¿Preparado? –Preguntó Jake, sin volverse.

- Preparado.- Logró pronunciar Boswell, nada convencido.

Jake asintió y abrió de una patada la pesada puerta, como si fuera de papel.

Lo que sucedió a continuación, Boswell apenas consiguió recordarlo. Un espeluznante golpe de luz lanzó por los aires a Jake, estampándolo contra la pared al otro extremo de la estancia (sonando como si se le hubieran partido todos los huesos del cuerpo) y ese mismo golpe de luz, le cegó por completo, casi tirándolo al suelo a él también.

Conteniendo la respiración, Boswell consiguió mantenerse en calma e intentar mirar qué había en el interior del otro lado de la puerta. A duras penas soportó esa mirada colérica, ególatra, escarlata, inhumana y penetrante hasta el infinito. A duras penas pudo mantener sus ojos en el Ser que avanzaba hacia él, vestido totalmente de negro, con una especie de túnica. Su cara era nácar y estaba demasiado pálido como para estar vivo y... ¡Esa sonrisa!

- Al Portador de las Llaves.... Gracias por regalarme dos llaves, sabía que no fallarías. Ahora sólo me falta ella.

Se atrevió a coger aire y a tragar saliva. Aunque alguien le hubiera ordenado ¡Corre, Boswell! Sencillamente no habría podido. Ahora sí podía personificar el miedo. Ahora sí podía tocarlo. Porque eso era lo mismo que había visto debajo de la Torre, porque eso ¡Era Walter en persona y no una ilusión! Pero cómo demonios ha podido entrar

- Consígueme la Rosa, Boswell. Consíguemela y pronto todos tus más fervientes deseos se convertirán en realidad.

- ¡Antes tendrás que matarme, Walter!

“El matemático” se atrevió a mirar por encima del hombro y lo que vio le dejó atónito. Aún más de lo que estaba…

- ¡Jamás conseguirás la Rosa, pero si lo haces será a costa de pasar encima de mi propio cadáver!

Jake, pese al brutal impacto, se había levantado. Sangraba abundantemente por la frente, dejándole la cara de un tono carmesí, dándole un aspecto fiero, y demente, y las piernas le temblaban de una manera espeluznante. El  Portador de las Llaves nunca supo cómo Jake no se había caído de rodillas. Sin embargo, Jake había reunido fuerzas y valor para desafiar a Walter con una única pistola. Ese tipo había perdido la razón y se había vuelto loco… ¡Sino cómo iba a desafiar a un tipo inmortal!

- ¡Jake! ¡No! -Comenzó a gritar, en un desesperado intento de frenarle.

 

Walter levantó su mano nácar, totalmente huesuda, gigantesca y alargada, con elegancia y apuntó a Jake con el índice izquierdo. Para Boswell fue un Deja vú. Ese mismo gesto, mal visto, lo había ejecutado Walter ahí abajo, en esta misma torre, y lo habría terminado de hacer, de no haber sido por Jake y sus disparos. ¡Oh, Dios Mío! ¡El Walter lo va a sentenciar a muerte! Eso iba a hacer, cuando un atronador disparo impactó sobre la mano levantada de Walter, apartándola bruscamente debido al brutal choque. Aquel ser no emitió sonido alguno de dolor, sino que observó, impávido, cómo su mano quedaba agujerada y se propulsaba hacia atrás. Nada emanó de la herida, sino que mostró un pequeño agujero sin gracia.

 

Jake se volvió en dirección al disparo y sonrió, por primera vez en muchas horas, totalmente aliviado. Había creído en su propia esperanza desde el principio y la esperanza acudía en su rescate en el momento indicado. Nunca le había fallado. Su único problema era que era una cabezota sin remedio, pero siempre podía su instinto de protección sobre su cabezonería. Ahora Jake sí podía jactarse de conocerla demasiado bien. Pese a sus dudas, ahí estaba, sin fallarles. Sabía que, pese que a su negativa inicial, finalmente sucumbiría a su conciencia. Siempre ganaba la batalla su conciencia y, aunque le doliera en el fondo de su corazón, había jugado con esa baza desde el primer momento, porque sabía que así acudiría. Le dolía saber que la había manipulado de una forma retorcida y, por qué no, cruel. Pero ahora ya estaban los tres.

Por eso sonreía Jake, con todas sus ganas y todas sus energías. Aprovechó esta oportunidad para lanzarse a la carrera a la puerta que le separaba de la estancia de la Rosa. Boswell, confuso y aturdido, en medio del eco del estallido del  disparo que rebotaba por la estancia, hizo lo mismo, casi por imitación.

 

Otro atronador disparo retumbó por toda la estancia. La bala impactó sobre la frente del Hombre de Negro dejando -tras de sí- una estela de pólvora. El Hombre de Negro, debido al nuevo impacto, cayó de espalda al suelo.

Jake consiguió llegar a la puerta y la atravesó sin echar la vista atrás, totalmente ciego en su objetivo. Boswell, sin embargo, se detuvo para intentar identificar al autor de los oportunos disparos. Les había salvado la vida y si lograban salir de ahí, tenía que darle las gracias.  Lo que vio fue una figura pequeña y oscura, oculta tras las sombras, alcanzando el último escalón del último nivel de la Torre de la Rosa, de un salto, mientras disparaba sin tregua y sin piedad alguna contra el Hombre de Negro. Cuando la figura se descubrió de entre las sombras, Boswell recuperó la compostura. No pudo hacer otra cosa que gritar, sorprendido.

- ¡¿Ottavia?!


Publicado por xuantxu @ 12:00
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