lunes, 09 de noviembre de 2009

 - ¡¿Ottavia?!

El grito me obligó a concentrarme en la puerta. ¿Qué hacía Boswell todavía ahí? ¿A qué diablos esperaba? Walter estaba comenzando a recuperarse del ataque sorpresa, por lo que no me quedaba mucho tiempo para hacer reaccionar a mi compañero.

- ¡La Rosa! ¡Conseguid la Rosa! – Le grité para, a continuación, seguir disparando.

Boswell pareció vacilar, aunque enseguida salió corriendo, cerrando la puerta tras de sí.

En ese momento dejé de disparar. Bajé mis dos revólveres plateados y los enfundé en mi cinturón.  En un acto reflejo, me llevé la mano al colgante dorado, mi “Ocho”, y lo besé. Dependía de ese colgante para recuperar la Rosa y al Ka-tet de la Moira.

 

Walter, tras unos segundos de sorpresa, se recompuso. El agujero de la frente desapareció y el de la mano también. Su reacción inmediata fue lanzarme una de sus bolas de energía invisibles, como las que había lanzado a Jake por los aires y casi lo mata. Sin embargo, no noté ninguna fuerza y tampoco campo magnético alguno. Vi como su rostro inhumano trataba de reflejar la perplejidad.

- Te superas a ti mismo, Walter. Pero, esta vez tu poder no funcionará.

El Hombre de Negro permaneció en silencio y estático, como intentando comprender qué había fallado.

- No te preocupes, Walter. Puedo comprender tu desazón. Puedes intentarlo todo, pero no es en esta torre donde debe celebrarse nuestro duelo. Creía que ya lo sabías…

Me observó con gran atención, sin expresión alguna, fijándose en mi collar. “Sonrió” con desilusión, aunque con energía. Se sacudió el uniforme, agujereado por mis propias balas, indiferente.

- Por supuesto, Dama de las Sombras. Aunque eso no cambia la situación. Te has quedado completamente sola. Sólo hay un pétalo en pie en la Rosa... El Tuyo.

 

¿El mío? Me reí con ganas por su comentario. Hasta él mismo se había equivocado. Aunque eso nos y me beneficiaba. En las últimas horas había comprendido que yo no era ese pétalo, sino ARyan. Y la razón por la cual teníamos una última esperanza de salvarnos recaía precisamente en las circunstancias de la “caída” de mi compañera. Ella no había caído, sino que Walter se la había llevado. Mas eso no significaba que ARyan hubiese sucumbido a la oscuridad. Cuando comprendí eso, me di cuenta de que no había prisa por seguir el juego de Walter, prisa que sí tenía Jake. Porque, mientras nosotros tuviéramos la Rosa, por mucho que él tuviera a ARyan, la esperanza permanecería viva. Porque había una diferencia entre nosotros y él. Nosotros estábamos vivos y él estaba muerto. Y, por ende, ningún muerto podía entrar en los últimos niveles de las Torres, salvo que… utilizara a sus “esclavos” para entrar.

Me sentí llena de energía y me sorprendí conmigo misma. ¿Cuántas veces le había tenido de frente y había estado aterrorizada tan sólo con imaginar su mera presencia? Ahora no me inspiraba nada. Absolutamente nada. Tan sólo el vacío y yo.

- No podrás alcanzar la quinta torre sin tu Ka-Tet al completo. ¿Lo sabes, verdad?

Le asentí con tranquilidad.

- Es posible que mi Ka-tet haya caído. Pero tú no alcanzarás Terra Alpha. No mientras vivan los Pistoleros, el Ka-tet original.  

El Hombre de Negro alzó una ceja negra, meramente artificial en medio de su rostro nácar.

- ¿Cómo dices? –Su voz iracunda estalló por todo el lugar.- ¡Mientes! ¡¡Mientes!! –Levantó la mano, acusadora, fuera de sí.- ¡Solo hay un Ka-tet y están todos bajo mi dominio! ¡Baley está muerto, traidora!

Cabeceé. En el fondo, nadie conocía a nadie y, mucho menos, las dimensiones reales de la Senda de Eld. Nadie, salvo Solarin “El Cruel”. Por alguna razón desconocida, mi corazón decía que Baley aún estaba vivo.  

- Quien avisa no es traidor, Walter. – Intenté sonreír, mas me salió una mueca de resignación.- Tú deberías saberlo mejor que nadie.  

 

Colérico, aulló, y lanzó una bola de luz cegadora cuyo impacto no sentí. Lo intentó un par de veces más y desistió. Su cólera era imposible de describir.

- ¿Quieres recuperar a tu Ka-tet? –Graznó.

Asentí, sin moverme.

- Quiero un duelo en la Torre de la Bola de Cristal. Quiero que la Reina Negra se postre ante mí en mi jaque mate, en mi jaque mate del Rey Blanco. Sólo tú y yo, un combate de igual a igual. ¡¡No llevarás ese colgante!! ¡¡¡Quiero un duelo final entre mi Bola Carmesí y tú Bola de Cristal!!!

- ¿Qué ofreces y pides a cambio?- Pregunté, apoyando mis manos en las culatas de mis revólveres, por si se le ocurría improvisar y atravesar la puerta donde se encontraban Boswell y Jake.

- Si caes... ¡Todo será mío! Absolutamente TODO. Si, en cambio, soy yo el que pierdo la partida (cosa que dudo), la Bola Carmesí será tuya.

 

Medité su propuesta en unos rápidos segundos. El muy cabrón sólo había ofrecido la Bola Negra (¿qué otra podría ser sino?) a cambio de todo. Por mucho poder que tuviese esa Bola, era demasiado poco. Pensándolo bien, ahora era la última oportunidad de negociar un trato imposible, teniendo la ventaja de que no me podía matar. Aunque, en el interior de mi corazón, sabía que negociase lo que negociase, al final de todo, no cumpliría, salvo que fuese derrotado. En ese momento, de fondo y muy de lejos, escuché a Boswell gritar y lamentarse. Bajé la mirada, triste. No quería pensar en lo que había pasado ahí.

-  Aceptaré el Duelo, sólo bajo estas condiciones. Boswell saldrá vivo de esta torre y sin pertenecer a tu dominio. Será libre. A cambio, me presentaré en la Torre de la Bola de Cristal sin este arma que porto. –Agarré el colgante del Rey Ibax y lo ahogué en el interior de mi puño.- Pero... este arma no te pertenecerá jamás. Acepto tus condiciones si eres el que caes, pero...

- ¿Pero? –Walter empezó a recuperar la compostura y la cordura.

- Pero si caigo yo, tendrás que liberar de tu yugo a todos: a Markus, Jake y ARyan, incluido Boswell. A cambio, se te concederán todas las herramientas de la Senda y la identidad del Último para que puedas enfrentarte en el Duelo final contra él.

Walter abrió los ojos rojos, llenos de lujuria imposible de contener.

- ¿Me estás diciendo que ofreces tu vida, ofreces someterte a mí de por vida a cambio de liberar a “mis esclavos”?

- Sí, eso estoy diciendo. –Respondí escueta y sin vacilar.

 

El Hombre de Negro sonrió, pernicioso y con sonoridad. Mantuvo la vista fija en mí y no pudo evitar frotarse –discretamente- las manos, lleno de placer. Se me acercó con cuidado, a sabiendas que no me podía tocar. Tenerle ante mí me hizo tomar conciencia de que era una batalla perdida de antemano. Mas, prefería perder la batalla que perder la guerra. El verdadero Ka-tet cumpliría su fin sin mí. Yo solo era una pieza más del engranaje, pero no la pieza clave. Una vez lo que había entendido, la mayor parte de mis miedos y preocupaciones se habían desvanecido.

- Acepto tu desafío, Dama de las Sombras. Te dijo vivo al único que “queda” en pie. –Rió maliciosamente.- Dentro de esa sala hay un abismo. –Señaló la puerta que habían atravesado mis compañeros.-  Sigue la Senda del Pistolero y busca el Espejo. Te espero ahí, en la Torre de la Bola de Cristal. Espero que para entonces... No te hayas arrepentido de tu decisión. –Esbozó una aterradora y, a la vez, dulce sonrisa.- Disfrutaré de lo lindo cuando seas mía...
Publicado por xuantxu @ 12:00
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